domingo, 13 de julio de 2008

* 30.- UN ÁNGEL ENTRÓ EN NUESTRA CASA

Hay quien piensa que según lo traten, trata.

Y eso es dejar la iniciativa a los demás y dejarles a otros nuestro modo de actuar.

Es siempre pedir prestado y devolver en función de lo justo y agradecidos que seamos.

Prefiero intentar tratar bien a todo el mundo y la experiencia me va dando la razón, porque sin esperar nada, te vienen muchas cosas.

Es verdad que siempre hay personas que no actúan de manera agradecida, tú también lo has hecho, como no yo mismo. Unas veces por estar en otras cosas y no percatarnos y otras simplemente por ser desconsiderados.

Pero cuando no esperas nada a cambio, todo lo recibes con agradecimiento, hayas dado o no lo hayas hecho. De pequeño me enseñó mi madre que un favor nunca es una obligación por parte de quien te lo hace, y que nunca debes recriminar a quien te lo hace, aunque se equivoque al hacerlo. Bien es cierto que esto a veces resulta difícil.

Llegó un día sin apenas hacer ruido. Y lo hizo dando.

Nosotros procuramos hacer lo que de un tiempo a esta parte intentamos hacer de una manera más consciente sin dejar por ello de ser natural, que no es otra cosa que intentar ayudar y tratar de la mejor manera posible sin esperar nada a cambio y tratando de mejorar algo este mundo, aunque sea con pequeños granos de arena, siempre que nuestras imperfecciones nos lo permitan.

Y pasado el tiempo, ese ángel ha ido dejando su impronta y devolviéndonos lo que no le hemos dado.

Suena a contradicción, no se puede devolver lo que no se ha dado, pero así es como lo siente un ángel.

Lo cierto es que lo hayamos podido dar, lo hemos recibido con creces, y lo que es mejor, desde donde sólo un ángel puede hacerlo, desde su corazón. Y lo ha hecho en silencio y sin esperar nada a cambio.

Nuestra deuda es grande y tratamos de saldarla sin necesidad de comunicarnos, pues pensamos igual en esto. Cuando me propone la manera de hacerlo, yo ya lo he pensado y cuando soy yo el que lo hago, sucede exactamente lo mismo.

Y no es una deuda que cueste saldar, esas deudas se pagan con gusto y agrado.

Nunca le hemos pedido nada, salvo algunos por favores, y el ángel siempre ha hecho más de lo que esperábamos.

Siempre les digo a mis alumnos que la buena educación abre las puertas, y acabo abriendo las más duras de ellos con ella, tratándolos como personas que merecen un buen trato como tales (habría que oír su opinión, seguro que no todos opinan así).

Es cierto que las puertas se pueden abrir de otros modos, incluso se pueden derribar, pero el nivel de satisfacción que te produce el abrirlas bien nunca es comparable.

Y el tiempo, la práctica y la reflexión te ayudan a abrir algunas que se resistían y otras, al menos, te cuesta menos el hacerlo.

Recientemente me he sorprendido a mí mismo observándome capaz de abrir dos puertas que se resistían sin necesidad de levantar la voz, y lo que es mejor aún, sin necesidad de tratar mal a alguien, aunque ese alguien lo pudiese merecer. Antaño no hubiera sido capaz de haberlo hecho de esa manera aunque hubiese querido.

Y todas estas cosas las ha hecho el ángel de forma habitual, y nunca ha levantado su voz, y nunca ha pedido nada a cambio. Nos hemos sentido bien tratados y hemos procurado devolverlo de la mejor manera en que hemos sabido.

Y como buen ángel encima se cree en deuda con nosotros. Sólo quiero que sepa que no sólo no nos debe nada, sino que además somos nosotros los que nos sentimos en deuda, en deuda sin intereses, en deuda sin interés.

Cuento asociado

Por favor por favor