domingo, 27 de septiembre de 2015

Y mi perro me quiere.

Hace mucho tiempo que no ando por aquí.
Incluso era bastante más ingenuo.
No sé si debo algo.
En todo caso, me lo debo.

Ella no se merece.
Mejor, no es merecida.

Es la prueba del algodón.
de tus aciertos y tus errores.
Sobre todo, de sus aciertos.
Sin quitarte demérito.

Son todo suyos.
Vale, casi todos.

Y mi perro baja a saludarme
cuando lo he dejado de lado.
Siempre ahí.
Se hacen querer.

Algo habré hecho bien,
entre tanto reproche.

Yo lo sé,
por ella,
pero los ignotos,
lo desconocen.

Yo lo sé,
y no es por cercanía.

¡Qué también!
¡Quién no es cercano,
es distante!
 Y lo es.

Lo sé.
Lo sufro.

Sin necesidad ni proximidad alguna.
Salvo lo que me busco.
Insensata y humana.
La necesito.

Huelga decirlo.
Manifiesto hacerlo.

Salvaguarda innecesaria
ante ojos introvertidos
que sienten lejos
y cerca.

Lo suyo,
resiliente.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Sabes...

¿Sabes? No te lo conté en su momento, porque auqnue soy transparente de sentimientos, tampoco me voy exhibiendo abiertamente. No revivo momentos complicados, más bien forman parte de mí ser, de mi enriquecimiento personal. Porque, cuando tienes la conciencia tranquila, cuando has vivido rodeado de optimismo y lucha por la vida, cuando has sido aprendiz de ganas de vivir, intuyes que ciertas vivencias se no se quedan enquistadas en lo más hondo, y,aunque uno continúe con la vida pa' adelante, uno no hace acopio de fuerzas de flaqueza con su cuota de felicidad. Siempre quedan huellas, vestigios, restos o enteros de amor, porque así somos, humanos, al fin y al principio. Y yo no quería recordarte nada, porque yo también te leo entre líneas. 

Recuerdas... soy un libro abierto.

Por eso no te lo dije. 

No importa lo que vivamos, sino la intensidad y la honestidad con la que lo hagamos.

Siempre quedan huellas, pero no como heridas. Claro que añoramos, pero no desde la tristeza. Valen más 18 o 20 primaveras que el doble de lustros marcados por el dolor.

Por extraño que te pueda parecer, no pienso en dolor. Pienso en alegría. Mis recuerdos no hacen mella en mis entrañas. Al contrario, me han enriquecido, me aportaron y me siguen aportando.

Alguna vez te seguiré contando, pero siempre nos leeremos entre líneas.

Te mentiría si te dijera que a veces me giro entre sueños. Lo noto, quizás no como quisiera, pero no lo vivo como una pesadilla.

Uno regresa sobre las páginas de un buen libro, para releer aquellas frases que lo enriquecieron, pero si el libro fue bueno, nunca lo hace con recelo, sino para revivir o refrescar alguna enseñanza, no para quedarse atrapado en ellas.

Cuando has tenido algo grande entre tus manos, sientes perfectamente la diferencia. No idolatras, pero sabes que fue así. 

Lo recuerdas, pero no te haces daño con ello, porque te enseñaron a no hacerlo. Lo aprendiste. 

Lo vives con alegría, porque así fue. 

Cuando terminas una novela que te ha cautivado, te da pena cuando llegas a la última de sus páginas y lo cierras. Lo coges por el lomo y lo guardas en tu estantería de incunables escritos a flor de piel. 

Siempre hay un libro que te marca más que otros, pero, lo suele hacer para bien.

De cuando en cuando, lo relees con gusto, pero nunca para hacerte daño por haber disfrutado pasando sus páginas.

Conozco a Carme y te equivocas. También conozco a Inés.

Son parte el tributo injusto de esta modernidad equivocada, enriquecedoras de momentos y vivencias. 

Sabes... 






Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kamir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kamir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros, y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada.

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquél paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras: “Abdul Tarej, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días“.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.

Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquél lugar.

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía: “Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas“.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Aquél hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por allí y se acercó.

Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, por ningún familiar -dijo el buscador-. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano sonrió y dijo:

- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…: “Cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.

A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso… ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…? ¿Y la boda de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutadopara escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero TIEMPO VIVIDO”.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El mal

Este post está dedicado o dirigido a dos amigos. Bueno, no, que acabo de asistir a una charla de una compañera en la que nos habló de que está mal hablar en género masculino cuando hablamos de dos. Y, en realidad, es así. No hablo para dos amigos. En realidad, hablo para un amigo y una amiga. Ni eso, también hablo para Au. Au no es es Auxi, pero también. La tercera en concordia es una amiga de las impagables.

Vale, ya sé que hace tiempo que no me dirijo a ti de ninguna manera, pero también sé que no hace falta decirte, ni decirme que seguirnos pensando. Tampoco que no necesitas que te diga en que.

El mal.

Vaya título.

Tampoco lo hubiera pensado, aunque te he escrito acerca de ello, si no hubiera coincidido esta tarde con una de las experiencias con las que vale la pena convivir.

La impagable, por su alto valor (no hace falta decir que no precio) es de esas personas a encontrar en uno de esos vestigios a escudriñar pasados los años, si no has tenido la fortuna de no ser historiador y encontrártela pasados los años, sino que te la has topado por uno de esos lances que te proporciona la vida.

Impagable, apreciable hasta el infinito, Au.

Solamente le he hablado de ello a dos personas. Una fue a ti, en clave, pero a ti. La otra, fue esta tarde, pero a ella.

La tercera, que fue de las dos primeras referidas, como no podía ser de otra manera, también es de las impagables.

En realidad, aunque me dirijo a las tres, es con esta última con la que he contraído esta deuda. Yo, mismamente, sin que nadie me obligara. sin obligación alguna, más allá de mi amistad y aprecio.

La primera lo sabe, porque lo hablamos sin tapujos, porque se encuentra en mi pequeño círculo de posibilidades.

Al grano.

Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida... Un inciso, también va por los otros integrantes de ese círculo. Bien lo sabrán ellos y ellas, que ahora que sé que no es una redundancia, aprovecho para decirlo.

Repito, una de las cosas más importantes que he aprendido, es a perdonarME.

Sí, es posible.

Cuando amas a alguien hasta el punto de echarte en cara algo humano, imperfecto, pero humano. Hasta el punto de poder destruir una amistad o lo que sea, pero, humano a la postre, E indestructible cuando vale la pena...

Vuelvo a repetir, una de las cosas más importantes que podemos aprender en esta vida, es a perdonarnos a nosotros mismos.

¿Sabes por qué?

Porque por mucho que puedas querer a una persona, puedes querer a otras.

Ya sé que te haces daño, pero no lo hagas. No te lo hagas. 

Incluso sé que me lo he hecho, pero no te lo hagas.

Yo he querido hasta la extenuación. Incluso he sentido impotencia por hacerlo. Pero he querido y quiero a otras personas.

No es espurio, ni nunca lo ha sido. Incluso aunque judeomasónicamente nos han maleducado en ello.

No te flageles. No lo merece nadie. Menos alguien que vale tanto como tú. Alguien que me ha enriquecido tanto y vale tanto como tú.

Sabes que sé de lo que hablo. Sabes que te aprecio mucho, tercera persona.

Lo de tercera persona no está dicho espuriamente. Tú que me conoces lo sabes. 

Yo, que te conozco, algo más. Aunque sea expositivamente, pero no vilmente.

Perdónate. No hablo cristianamente...

Hablo desde donde he aprendido.

Hablo desde quien ha entendido que querer no es desquerer.

Sé que soy tu amigo, pero sabes que eso no me ciega. Nunca lo ha hecho, aunque sí que lo he sentido.

He amado, y lo he hecho a mares. ¿Por qué tú, que al menos vales tanto como yo, no ibas a hacerlo?

Igual que leer es un verbo que no admite el imperativo, por qué iba a serlo el verbo amar. 

Amar no es un verbo que no sólo no admite el imperativo (que es su negación), sino que no admite incompatibilidades.

Es un verbo que se conjura en plural.

Un plural que habla de la grandeza humana y no de la mezquindad. 

Tú amas.

¿Y sabes por qué lo haces?

Porque tienes un gran corazón que te permite hacerlo en plural.

¿O crees que eres especial y sólo tú puedes hacerlo para castigarte?

No te creas tan especial. Yo también lo he hecho.

Y, no creas que espuriamente.

Lo he hecho con todo el corazón del que soy capaz.

Tú eres mi amiga, y te espero.

Vaya que te espero... Con todo mi corazón, con todo mi aprecio y con toda mi amistad.

La misma que me profeso.

No es mal... es grandeza de corazón.

La que tienes. Me sumo.

Lo ves, he acabado hablando para ti. En el fondo sé que te lo debía. Mi corazón y amistad me lo decía. pero sabes que he hablado para los otros dos que nombraba, para mis otros amigos, y para todas aquellas personas a las que, sin pretensiones, pudiera hablar.

No soy menos por querer más. No eres menos por querer más. No somos menos.

Todos buscamos una razón de ser. No nos basta el dinero. Yo creo que hace tiempo que la he encontrado, aunque, en honor a la verdad, disto mucho de conseguirlo. Lo sigo intentando.

Nos esperamos.







domingo, 22 de junio de 2014

Cómo me siento

Pues bien y mal.

Bien, porque me veo útil y capaz de transmitir y prestar ayuda con mi experiencia vital.

Mal, porque mi experiencia no es suficiente y sigo cometiendo errores.

¿Cómo si no voy a seguir acumulando experiencia que compartir? Si puede servir de ayuda a alguien, es necesario que siga aprendiendo.

Hoy me siento orgulloso de mis chicos (hablando sin sentimiento de propiedad, sino desde el corazón).

Pero nunca es suficiente para dejar de cometer errores, reflexionarlos mirándome a los ojos y decirme a la cara las verdades del barquero.

Tampoco es necesario flajelarme más allá de lo necesario, si es que hacerlo algo es necesario.

Soy como un libro abierto, en Time Roman 14. Transparente como puede contemplarse La Gomera desde el sur de Tenerife en un día sin calina.

Me puedo equivocar y no puedo evitar sufrir cuando lo hago, pero la vida me enseña a relativizar y a separar el trigo de la paja, lo verdaderamente importante de lo que no lo es. Lo que pasa y se olvidara y lo que realmente queda.

Hoy va por mis chicos, por los que están aquí y por los que no han podido venir.

También va por mis errores, aunque hoy me duelan.

Mañana será otro día. Hoy ya he comenzado a aprender. Seguir aprendiendo. No nos queda otra, afortunadamente.

Creo que hoy he ayudado a crecer mientras crecía.


lunes, 6 de enero de 2014

Cómo convertir al estrés en tu amigo y el efecto boomerang

Hoy me he despertado con este correo:
Uno de los vídeos que tuve que ver para el curso de psicología que estoy haciendo fue este y me pareció muy interesante, así que lo comparte con ustedes. Es también bastante ameno (Especialmente en comparación con otros de psicología que me he tenido que tragar... )

TRAE SUBTÍTULOS EN ESPAÑOL
Es un correo de mi hijo Carlos (tal día como hoy alcanza la mayoría de edad). Durante años he llenado su correo de mails buscando abrirle horizontes y ofrecerle diferentes propuestas para que desarrolle su propio currículum de vida, eligiendo las propuestas que le fueran resultando atractivas e interesantes.

Uno de mis mayores placeres, creo que lo he comentado alguna vez, es el de encontrarme su correo abierto y comprobar, no por invadir su intimidad, sino por placer, como algunos de mis correos permaneces cerrados y otros abiertos. 

De eso se trata, él es el que debe elegir. Yo sólo pongo a su alcance posibilidades, que él desarrollará o no en función de sus gustos, intereses o caminos.

Pero este correo marca una tendencia, quizás un cambio de rumbo.

Ya debo algunos post a sus correos de vuelta. Siempre me ha enriquecido, pero ahora comienza a devolverme algunas de las cosas que he tratado de darle. Es lo que yo llamo, en nuestra profesión, el pago diferido, interminable en el caso de la paternidad. Es el efecto boomerang que surge de nuestra plantación de dátiles, tanto en el terreno familiar como profesional. Incluso cuando la labor se torna más difícil, especialmente cuando es así.

Pasando al vídeo (por cierto, me ha gustado bastante) he de decir que me ha hecho reflexionar sobre el estrés en mi vida. Esa arcaica fiera indomable que nuestra vida moderna ha tornado en omnipresente. Es cierto que el estrés lo asociamos a cuestiones negativas. Pero, quién no ha vivido momentos en los que se encuentra embarcado en una aventura que le produce estrés, pero felicidad al mismo tiempo. 

De eso va este clarificador e interesante vídeo de Kelly McGonigal en TED con el que les dejo. Gracias, Carlos.


viernes, 21 de junio de 2013

Para todos aquellos...Y uno aprende

Ahora que se acercan las vacaciones, dejo este poema, del que desconozco su autor (parece ser que erróneamente se le atribuye a Borges), 
para todos aquellos profesores 
que aprenden del día a día, 
que no se conforman, 
que miran a sus alumnos a los ojos, 
que no los hunden con su mirada, 
que disfrutan de cada clase aunque sea agotadora, 
aunque por momentos piensen en tirar la toalla, 
pero levantan la cabeza al instante 
y ayuden a otros a hacerlo.
Para todos aquellos que luchan por reequelibrar la sociedad
para aquellos que brindan oportunidades 
y tienden manos, alzan puentes
y enseñan  a cruzar ríos.
Para los que no se creen algo más
por saber algo menos,
que aprenden mientras enseñan
sin que se les caigan los anillos,
que no hielan esperanzas
sino prenden llamas.
...Y uno aprende, mientras cree enseñar

El poema: 
Y uno aprende

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.

Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calor del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende…
y con cada día uno aprende.




domingo, 21 de abril de 2013

Lo importante no son las palabras

Una amiga, una buena amiga, me escribió unas bonitas palabras. Le pedí permiso para usar algunas aquí:
Hoy he encontrado un cuento* que imagino ya conocerás, con el que, al leerlo, me sentí identificada. Fue la frase que marqué en negrita la que hizo sonar mi alarma y darme cuenta que yo soy así.
Muchas veces dejo de responder mensajes por analizar demasiado lo que quiero decir, porque no resulte demasiado simple, porque no se me ocurre nada ingenioso, porque lo escribo y al leerlo de nuevo lo borro,.....
A ver si asumo este mensaje y aunque sea a través de un simple detalle o simplemente "recibido, gracias" comunico que agradezco mucho que me hagas partícipe de tus momentos, sentimientos y experiencias, las cuales aprecio y valoro enormemente.
Gracias, querida amiga. Me ha encantado tu reflexión, que tras pedir tu autorización, intento escribir aquí.

No deberíamos tener miedo de escribir. Tampoco deberíamos tener miedo a equivocarnos. Nuestros amigos lo entenderán. Lo demás no importa. 

El error, aparte de hacernos mapas humanos, es la clave de los aciertos.

Rutas. Las rutas nunca son rectilíneas, Ni siquiera en kilómetros y Kilómetros de autopistas.

Me quedo con un buen y humano sendero, con sus curvas, con sus vaivenes, con sus recovecos, con sus vueltas que parecen retroceder, cuando en realidad te hacen avanzar.

Veredas angostas cargadas de rozaduras que avanzan dejando huellas en el camino, haciendo el camino mismo.

Hemos sido educados en época de prohibiciones, cercenando nuestras letras, nuestras expresiones, castrando cualquier atisbo de sentimiento.

No es que no estén ahí, es que no hemos sido educados para mostrarlos.

Han sido calificados de debilidad, cuando las personas más grandes que conozco son sentidas y fuertes o lo han sido mientras caminaban pro esos senderos. Buena e importante parte de ellos los has recorrido conmigo.

Caer nunca es grato en el momento, pero que me dices del orgullo sano que sentimos al lograr ponernos de pie. Y la manera en que miramos atrás y sin querer lastimarnos, mucho menos flagelarnos, llegamos a apreciar esa caída que nos permitió levantarnos.

Es cierto que el momento puede ser o parecer malo y que cuesta asimilarlo en más de una ocasión, pero no es menos cierto que pasado un tiempo, si lo miramos de frente, cara a cara, asumiendo la parte que nos toca y no podemos cambiar, nos hace no más fuertes, que también, sino, sobre todo, mapas humanos llenos de trazos y mojones.

A veces compartimos nuestros mojones, los escribimos, dejamos que les sirvan a otros, aún a sabiendas de que cada uno necesita trazar los suyos propios. 

Sin embargo, no resuelven, pero sí que ayudan, abrazan.

Cuando te escribo estas palabras, querida amiga, estoy prestando uno de esos mojones en espera de que si bien no puedan resolver, sí que puedan ayudar, abrazar.

Siento el dolor de los amigos como propio. Sus tropiezos me afectan.

En ocasiones no entiendo como la vida se puede cebar en los mejores, en los buenos, en los que no hacen daño a otros. Y no una única vez.

A pesar del entrenamiento, cuesta entenderlo.

Pero los senderos y veredas nos ayudan a reunir mojones, a guardarlos en nuestras mochilas para la ocasión. Para brindarlos, para ofrecerlos, para rutear caminos. 

Sistemas de Posicionamiento Global, que si bien necesitan ser actualizados para cada ocasión, interpretados por cada persona, deben ser recorridos en la realidad de cada uno.

No valen las muletas, pero una mano tendida nunca deja de ser una mano atendida.

Hace tiempo que aprendí, querida amiga, que las palabras no son lo importante, que habiendo sentimientos, transmitiéndolos de una y mil maneras, casi sobran.

Dejar atrás el miedo a escribir, a caminar, a transitar senderos, a brindar mojones. Ya lo dijo el poeta
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.


* UN NUDO EN LA SÁBANA

En la reunión de padres de familia de una escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos.
Ella entendía que aunque la mayoría de los padres de la comunidad eran trabajadores, debían encontrar un poco de tiempo para dedicar y pasar con los niños.
Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana.

Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya estaba acostado.

Explicó además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia.
Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba reemplazar esa falta dándole un beso todas las noches cuando llegaba a su casa y para que su hijo supiera que él le había ido a ver mientras dormía, hacía un nudo en la punta de la sábana.
Cuando mi hijo despierta y ve el nudo, sabe que su papá ha estado allí y lo ha besado. El nudo es el medio de comunicación entre nosotros.

La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando comprobó que el hijo de aquel hombre era uno de los mejores alumnos de la escuela.

Este hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros.
Aquél padre encontró su forma, una forma simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía a través del nudo, todo el afecto de su papá.

Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal que es la comunicación a través del sentimiento. Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban para aquél hijo, muchísimo más que un montón de regalos o disculpas vacías.

Es válido que nos preocupemos por las personas, pero lo más importante es que ellas sepan y puedan sentir nuestra preocupación y cariño por ellas.

Para que exista la comunicación, es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje de nuestro corazón, ya que los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras.
Es por ese motivo que un beso, revestido del más puro afecto, cura el dolor de cabeza, el golpe de la rodilla o el miedo a la oscuridad.
Las personas tal vez no entiendan el significado de muchas palabras, pero saben distinguir un gesto de afecto y amor, aunque ese gesto sea solamente un nudo en la sábana. Un nudo cargado de afecto, ternura y amor.

Tecnología y edad aumentada

Esta entrada no la escribí inicialmente para este blog, pero es merecedora, Julita, de estar aquí, donde anidan mis sentimientos, donde navegan mis amistades.

La tecnología y la edad no están reñidas ni son aliadas per se.

Cuando hablamos de nativos digitales, lo solemos hacer de manera errónea, dando por supuesto en muchos casos, que por el hecho de haber nacido en esta era, un niño o joven tiene un don innato para adaptarse a las nuevas tecnologías.

En realidad, lo que tienen es una predisposición para integrar el mundo en el que nacen, al asombrarse de manera curiosa por lo que les rodea.

Los mayores, también nos asombramos, pero ese asombro se torna bloqueo en muchos casos.

Sin embargo, erramos cuando creemos que esa predisposición los convierte en competentes digitales.

De hecho, muchos jóvenes son auténticos analfabetos digitales más allá de colgar algunas fotos y unas cuantas palabras en redes sociales.

Si pierden o les hacemos perder esa capacidad de asombro, no se integrarán en el mundo digital y/o cultural y caerán en la parte más baja de la brecha digital/cultural.

Por el contrario, nos encontramos cada día en la red a personas que mantienen intacta su capacidad de asombrarse ante la vida y todo lo que ésta nos depara, sea digital, cultural, emocional o medioambiental.

En este sentido, me quito el sombrero virtual, ante una compañera, amiga, maestra (en cuanto a lo que enseña y a lo que me enseña). Me refiero a mi apreciada Julita, autora del blog Creación literaria en primaria

Comencé a conocerla a través de ese maravilloso blog y después entablé contacto virtual a través de su amiga Conchita y de la Tribu 2.0  y la red social de Cine y Educación Cero en conducta. Posteriormente, tuve la suerte de poderla desvirtualizar en varias ocasiones.

De Julita, siempre me han sorprendido varias cosas.

La que más me ha sorprendido y contagiado es su capacidad para emocionarse y asombrarse con su profesión, vivirla, desvivirse, apasionarse por incorporar nuevos conocimientos y herramientas digitales y crear entre sus alumnos y todos los que tenemos la suerte de haber coincidido con ella toda una campaña viral de contagio.

Otra de las cualidades que me sorprenden de Julita, es su inquietud por compartir todo lo que aprende, lo que le emociona y no quedárselo para ella sola.

Los que no la conocen, quizás, pueden pensar, ante tanta ilusión y sapiencia tecnológica, que estamos hablando de una profesora recién salida de una facultad de educación. 

No es así. En muchos casos, como ella misma relata en sus múltiples experiencias con estudiantes universitarios, como estos desconocen las tecnologías al uso.

No es así. Estamos hablando de una profesora en su último año laboral. 

Afortunada que recibirá un merecido descanso ante una labor tan intensa y fructífera y que los demás probablemente no llegaremos a conocer por la obra y desgracia de un gobierno que se ha jugado el dinero de nuestras jubilaciones en la lotería de los bonos de  deuda del Estado sin pedirnos permiso y por un sistema neoliberal que amenaza con destruir la convivencia y el bien común.

Julita es de esas personas, de esas maestras que hacen de la vida una escuela permanente. Que mantienen intacta su capacidad por descubrir y emocionarse. Las personas que desarrollan esa virtud, no sólo son más felices en su vida laboral, sino también en la personal. Consiguen que la edad no sea un problema, sino una ventaja.

Vivir es no dejar que el día a día acabe con nuestra capacidad de descubrir algo nuevo, asombrarnos y emocionarnos ante ello.

Por esta razón, Julita no envejecerá al día siguiente de su jubilación. No lo ha hecho hasta ahora y no lo va a hacer. Seguirá encontrando cosas con las que erizar su piel cada día y las seguirá compartiendo con nosotros.

Vean sino, en el siguiente vídeo, a una mujer de 90 años de edad, a la que le fue entregado recientemente un  casco de realidad virtual para que lo probase y registrar su experiencia. 

A la señora, se le mostró la belleza del paisaje de la Toscana a través de una herramienta de realidad aumentada.

En el vídeo, podemos comprobar como esta mujer de 90 años no ha perdido la capacidad de asombrase sin bloquearse para acceder a nuevas experiencias.

¿Cuántos compañeros y supuestos jóvenes digitales que conocemos no se asombrarían y disfrutarían ante una nueva experiencia como lo hace esta señora?

Julita, al igual que esta señora, se asombra a diario y lo que es mejor, hace que los demás nos asombremos sin bloquearnos.

Gracias, Julita, por permitirnos ser tan afortunados.


  PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
autógrafo
José Agustín Goytisolo      



 

sábado, 13 de abril de 2013

El sentido de la vida

El sentido de la vida es el humor.
Sí, como lo lees.
No en el sentido simplón y pasajero, que también,
No pusilánime ni ciego.
Salvo que hablemos de la ceguera de Saramago
(que atrevimiento). Atrevimiento admirado.
Admirado en la medida en la que no se tienen ídolos.
Ejemplos como el de Sampedro
El ejemplo de Sampedro

Humor comprometido
Humor Roto, a pedazos.
Con el grado de acidez justo y necesario.
Humor valiente y atrevido.

El necesario para trazar una caricatura de ti mismo
sin apenas saber dibujar
Al menos en el sentido clásico,
lejos de aquel que defiende Ken Robinson.

Reírte de tu sombra
porque se atreve a ensoñarte de acuerdo a los cánones más clásicos.

Anárquico sentido del humor
que, más que romper moldes,
los delata sin ser delator.

Ha nacido el antilíder.
Y ha venido a reírse.
¡Qué quede claro!
¡No ha venido a burlarse!
¡O sí!
¡Pero no de este mundo!

Un viaje, un congreso, un avión y un barco.
Todos vuelan.
Cada uno a su manera.
Amigos con los que compartir una sonrisa.
Amigos con los que compartir unas risas.

El líder convertido en antilíder.
Y viceversa.
¡Como Sabina!

El sentido de la vida es el humor.
Ese que nos permite reírnos
hasta del sentido cabril del harlem shake,
aunque tengan que abrirnos los ojos
para poder hacerlo.

Reír hasta llorar.
Llorar hasta reír.

¡Cuánto más difícil sea, más mérito tendrá!
Me he reído del dolor
Sin por ello dejar de sufrirlo
Sin por ello tratar de ocultármelo
Sin por ello tratar de negármelo
Sin por ello renunciar a vencerlo

Dibujando carcajadas en el rostro de la vida
Compartiéndolas como quién reparte globos a niños
A niños grandes,
ávidos de las caricias que las sonrisas generan
en el rostro de las personas ciertamente humanas

El sentido del humor en el trabajo
No como un recurso capitalista
No como un recurso neoliberal
Sí como un recurso humano
No como un Recurso Humano

El sentido de la vida
El sentido de la Vida es el el Sentido del Humor
Sentir el Humor en tus venas


* El ejemplo de Sampedro



jueves, 3 de enero de 2013

El encargo


No sé si seré capaz de cumplir con el encargo no pedido pero si transmitido, que me han hecho las personas que más aprecio. Hablo en presente, con vocación de transmitir futuro.

Nacemos con encargo bajo el brazo. Otros nos los vamos cargando con mayor o menor fortuna nosotros mismos.

Soy ejemplo de pocas cosas, pero para algunas sé que tengo algunas cualidades. Rebuznancia intencionada, como en tantas ocasiones.

Sabes una cosa, tenemos una fuerza interior que es capaz de levantarnos, de hacer que sigamos adelante. 

Pero no sólo eso, también nos lleva a disfrutar y transmitir nuestras ganas de vivir, de luchar, de aprender de cualquier circunstancia.

Todo ello sin negar malos momentos. Siempre los tenemos, pero aún en los peores, podemos recordar lo que somos, lo que nos han hecho, los que nos han hecho y levar anclas al presente con visos de futuro.

Lo que nos han hecho. Dar gracias a la vida, a las personas que nos lo han hecho.

Los que nos han hecho. Dar gracias a la vida, alas personas que nos han hecho.

Qué seríamos sin ese ser social que se enriquece.

Qué seríamos sin las personas que nos han marcado no la cara sino el alma.

Las que han hecho posible que naveguemos en nuestro inerior y crezcamos.

Las que han hecho posible que naveguemos en nuestro inerior y deseemos vivir hasta cruzar la mar océana.

Esa extraña magia que nos lleva a la sincronicidad que nunca es casual aunque lo parezca.

Cierto que tiene porciones de casualidad, pero algo lo empuja más allá de la mera sincronía.

Son conexiones que nos generan y regeneran, que nos hacen profundizar al sumergirnos en el mundo de los sueños y la realidad.

Sabes que vales, no necesitas que yo te lo diga.

Aún así, la sincronicidad me lleva a hacerlo.

Fue el encargo y lo que aprendí.

La motivación es intínseca, bucea en nuestro interior. 

Lo que nos da ganas de vivir, de aprender, de disfutar, de compartir, de ser social en el mundo de los sentimientos es consustancial a nosotros mismos y a la vez afluye de nuestras sincronías.

Viviré mientras una gota de vida recorra mi ser. Aspiro a más, aunque no sé de que manera.

Miento por una vez, sí que lo sé y lo callo y no lo voy a hacer.

Porque se vive tras la vida y qe cada cual lo interprete a su personal modo.

Yo lo hago al mío, porque siento las personas que viven en nosotros.

Háganse dueños de la magia que nos lleva a abrir los ojos a diario, a respirar el frío de la mañana, a sentir el calor de un abrazo, la dulzura de una mirada, la sincronicidad de una relación que nos enriquece.

Hazte dueña de la grandeza que llevas dentro, la que te permite darnos energía cuando muchos pensarían que te la debemos dar.

Regálanos tu energía, ejemplo extraño de grandeza que crece al ser donada.

Energía verdaderamente sostenible la crece mientras la compartimos.

Me agrada volver a leerte. 

Releer es un placer cuando está escrito con sentimiento.

Seguir escribiendo, enseñando lo que no has dejado de compartir.

Grande, eres grande. Y no soy sólo yo el preso de sincronicidad. Otras personas lo aprecian.

Sabes por qué.

Porque te aprecian.

Y tú te podrías preguntar que extraño designio es el que les lleva a apreciarme.

Algo casualidad, mucho palabras que expresan más allá de lo escrito, actos y sensaciones que nos hacen grandes.

Eres grande.

Y te lo agradecemos.

Se lo agradecemos a esa también casual sincronicidad que nos permite apreciarla.

Gracias

Mapa de gratitudes: Sí, me gusta :)

Mapa Mundial de las Gratitudes. La gratitud es contagiosa 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Retuits del alma

No siempre dedicamos el tiempo necesario a parar y pensar un poco sobre las cosas que hacemos y vivimos. Este es uno de esos momentos en los que voy a parar para valorar, sentir, disfrutar de esos instantes y separar lo accesorio de lo realmente importante.

De todos los seguidores que tengo en Twitter, uno en especial me hace sentir como ningún otro.

De sus tuits y retuits brotan cariño, alma y conciencia social.

Pronto marcó estilo personal. Pronto, desde que comenzó a seguirme, me atrapó ese dedo virtual y real y ya nunca pude dejar de seguirlo.

Me siguen desapareciendo libros cuando. En concreto, el último, sobre storytelling, desapareció misteriosamente como solía hacerlo.

He logrado que no le obsesionen las notas. Ya sabe que hay cosas más importantes y no limita su conocimiento a unas clases tradicionales. Nunca lo ha hecho. Siempre ha disfrutado de aprender. Para él, como debería de ser para todos, aprender es un placer.

Estas, y no otras, son las razones por las que vivir.

Yo soy porque nosotros somos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Somos tribu

Perdóname, lo siento. Cómo explicarte. Eres como ese amigo, familiar, persona apreciada a la que constantemente recuerdas y quieres descolgar al menos un teléfono y, no sabes muy bien por qué, no lo terminas haciendo. Esa neoliberal, neoliberal senda del estrés en la que nos vamos viendo inmersos y que nos asalvaja, aunque no siempre la podamos responsabilizar. En el fondo, no somos conscientes de ser los únicos responsables y nos dejamos agarrar, paralizados entres sus garras y obligaciones.

Hacía ya algún tiempo que no me asomaba entre los vanos de tus ventanas, para sentirme parte de ti, para considerarme parte de tu casa, que digo, de mi casa. Siempre había sido así, pero la apisonadora, una vez puesta en marcha evita que nos paremos a pensar, que digo, a sentir, a sentirlo.

Mi sobrina. Le digo. Ahora sentada aquí, y treinta años, enseguida, miras atrás y piensas que no es un tópico, que se te escapa como el agua cuando tratas de agarrarla entre los dedos de las manos.

Hoy, sin prepararlo, tal y como suceden las buenas cosas, tuve una nueva oportunidad de comprobar que Manolo y Rosita hicieron bien el trabajo.

Desde su partida de viaje del inserso, para disfrutar de su juventud, no nos habíamos reunido de esta manera, sin esperarlo.

Llego al restaurante. Miro y me pregunto, ¿no es ese Domingo? Sí. No lo esperaba. Manolo últimamente nos acompaña, quizás echando de menos el calor que siempre nos brindaron antes del viaje. No lo esperaba, la conjunción de astros se había producido, pero no por la reunión improvisada, sino por los equilibrios que permiten disfrutar del rato y prolongarlo por placer, sin forzar. 

Sensaciones que en nuestra vida sólo se producen en momentos mágicos.

Disfrutamos y sentimos la hermandad. Rosita y Manolo lo hicieron bien. Nos sabemos hermanos por encima de la circunstancias y los momentos.

La familia, cuando te vuelves adulto, aunque sea parcialmente (nunca lo hacemos del todo) te hace saber que la familia se encuentra donde tú te encuentras, donde tú la creas.

Pero que grato es saber, que por encima de celos infantiles más comunes de lo que pensamos y más destructores, en tantos casos, de lo que a las personas les gusta siquiera reconocer, incluso reconocerse, seguimos siendo familia y disfrutamos del rato, de esos ratos elegidos. Sabemos que estamos ahí.

La otra familia, la que construimos, también es importante. Son los ratos que vivimos, que construimos, que nos ganamos. Los teléfonos que no hace falta descolgar para saber que están ahí.

El otro día, sin ir más lejos, una compañera me dijo: tu amigo Reyes, cuídalo, que joya tienes ahí. Me llegó. No me dijo nada nuevo, nada que yo ya no supiera. La novedad era que ella lo dijera. Procuro no juzgar, aunque sea inevitable que en nuestra condición en ocasiones lo hagamos. Sé que todos podemos mejorar. La experiencia y la reflexión me lo han enseñado. 

Lo sé porque yo lo he hecho. Lo sé cuando me detengo a comprobarlo y cuando evito que todo sea arrastrado.

Cuando veo a una persona o a un alumno que humanamente no soporto, levanto la vista, miro más allá de sus circunstancias, prolongo la mirada, la postergo o la encamino hacia sus probabilidades, la mantengo en el horizonte aunque muchas veces me cueste. Y, el tiempo, me ha dado muchas veces la razón. No todas, lo reconozco, pero sí las suficientes como para mantener la esperanza en mí, en ti.

Los amigos, sí l o s a m i g o s . Son la sal yodada de la vida. La familia, son la familia, la primera y la última, la que sientes, la que sabes que está ahí, la que no te va a fallar, la que no es circunstancial, la que sabe de tu humanidad y que tú sabes de la suya, la que está para celebrar, para llorar, para servirte de apoyo cuando te equivocas, sobre todo cuando te equivocas, auqnue no sólo para eso.

¿Lo has sentido? Eres afortunado, no eres neoliberal, no eres salvaje, no te has dejado asalvajar.

Cuando tu amigo se equivoca, cuando es humano, cuando yerra, es cuando más lo necesitas, porque te recuerda que necesitas ayudarlo, cuando te hace sentir humano realmente, cuando te hace abandonar tu pasado reptiliano, el que todos,  inequívocamente, tenemos .

Sí, ya lo sabía. Recientemente lo comprobé. No necesitaba que me lo dijeras, pero no sabes hasta que punto el que me lo hayas recordado me ha llenado de esperanza. Nada está perdido, Mercedes. Tú bien lo sabes. No te lo voy a repetir, aunque lo incluyeras en la última carta y por pudor lo suprimiera.

Cuando peores se pongas las cosas, mejor lo sabremos. No es que defienda el flagelo, sólo me faltaba eso cuando me rebelo. Es que esa es la resiliencia que nos hace fuertes.

Somos tribu: Conchita, Reyes, Miriam, Oke, Ana, Magaly, Jesús, José Andrés, Teobaldo, Maru-Mary, David, Domingo, Manolo, Rosita, Carmen, Juani, Amelia, Nino, Sigfrido, Julita, Olga, Inma, sé que no hace falta que siga, sé que no me echarás en cara, que no te haya hecho salvaje social y natural, que estás ahí, que estamos ahí.

Somos tribu y una tribu...Síguelo tú.

P.D.: siempre había evitado lo de tribu. La hago mía.



jueves, 12 de julio de 2012

Lo que me enriquece

Es curioso, cuando comencé este blog lo hice haciendo una declaración de intenciones. Me propuse no decorarlo, no añadir ninguna imagen, dejar únicamente las palabras al descubierto, quizás en un intento de mostrarme tal cual soy, tal cual lo siento, sin tapujos ni decoraciones, sin distracciones.

En otra etapa, también por alguna necesidad, busqué la imagen como compañía, como manera no de huir de lo que trataba de contar acerca de lo que sentía, sino de buscar la luz que necesitaba por algún lugar.

Y, sin embargo, llevo con este tres post en los que no añado ninguna imagen, como si necesitara volver al principio para reorientarme, para encontrar alguno de aquellos faros que en la oscuriodad siempre me mostraron el camino.

Uno,yo en este caso, recuerda, recuerdo, en especial, las cosas que nos van enriqueciendo, con las que vamos llenando nuestras mochilas. No son pocas, lo reconozco. Pudieran parecerlo cuando tratamos de mirarlas, pero una vez que nos sosegamos y tranquilamente somos capaces de mirar atrás, nos damos cuenta de lo mucho que hemos aprendido y tratamos de compartirlo. Siempre devolvemos algo.

Recuerdo la primera vez que asistía a un clinic internacional de etrenadores de baloncesto. Mitad por engreimiento, mitad por desconocimiento, pensé que no había aprendido mucho de todo un campeón del mundo. Y es cierto que aún hoy sigo pensando lo mismo, que en aquella ocasión aprendí poco, pero no es menos cierto, que transcurridos los años, fui capaz de mirar atrás, y percatarme de que los verdaderos aprendizajes no se hacen de golpe, sino uno a uno y que sólo la distancia y las curas de humildad nos hacen conscientes de ellos.

Igualmente recuerdo como un año me destinaron a un centro al que acudí con no pocos reparos y sin embargo, fue de esos años inolvidables que el tiempo, la distancia, el aparente alejamiento, no han podido hacer mella.

Las personas con las que entablé amistad en aquella época, se encuentran entre las mejores de las que puedo recordar. Basta descolgar el teléfono parsa saberlo, basta el sentirlo para recordarlo. En realidad ni eso. Únicamnete pensar en ello de vez en cuando, es sentirlo, nada ha cambiado aunque pueda parecerlo.

Son esas circunstancias las que nos enriquecen, las que nos acompañan, las que obtienen de nosotros más de lo que podemos dar, lo mejor de nosostros mismos.

No las necesitamos, sin embargo, no podríamos vivir sin ellas. Es más, son las que nos mantienen con vida.

Cada año, uno va llenando su particular mochila con lo que nos va enriqueciendo, con lo que va formando parte de uno mismo.

¡Qué sería de nosotros sin esas cosa que nos importan, que dejan mella! Y ni siquiera tratamos de obtener nada a cambio. Nos vale con vivirlas, con enriquecernos y comaprtir parte de ello.

Miro atrás y me siento afortunado. Sé que no todo ha sido así, tan sencillo, pero siemrpe hemos aprendido de todo y de todos. Siempre he tratado de compartir las cosas que me han enriquecido. Y siempre me han devuelto con creces todo lo que he tratado de dar.

Miro y me enriquezco.

Lo que me enriquece

sábado, 30 de junio de 2012

Te respondo

Ya te he respondido por correo. Ahora lo hago de esta manera. Ya te dije que tal y como me estaba poniendo lo iba a hacer de otra manera. El resto lo tendrás que adivinar. Sé que, como otras veces, lo harás.

¡Estás desaparecido! ¿Fin de curso? ¿Otras variables? ¿Otros imponderables?

Como te dije, lo intentaré.

De vez en cuando, para podernos encontrar, nos perdemos un rato, por un rato, a pasar un rato.

Quizás sea uno de esos ratos lo que me tenga por aquí. Sin quizás.

¿Qué qué quiero?

Esa pregunta no me la has hecho tú, al menos de manera variable o imponderable. o quizás sí. Seguro que sí.

Intuyes, ya me conoces.

No lo sé. Crees saberlo cuanto te preguntas. Más bien lo intentas cuando una amiga te ayuda a hacerlo.

¿Por qué no me acompañan las imágenes?

Quizás porque para el reencuentro sea necesario volver atrás. Sin quizás.

Esto comenzó con palabras. Con palabras que abrazan.

Y, sin embargo no las siento. Tal como lo siento.

O sí, pero por eso mismo ahora no las siento.

¿Estás seguro?

Nunca lo he estado. Tampoco me lo has preguntado, al menos de manera variable o impondrable, o quizás sí. Seguro que sí.

Intuyes, ya me conoces.

No lo sé. De esa manera nunca lo he sabido. Claro que tengo mis certezas. Siempre las he tenido. Incluso en los peores momentos. Pero nunca las he tenido todas conmigo. Ahora menos.

Nunca lo he pretendido. Ya lo dijo el poeta. Caminamos, al menos lo creemos.

Un velero en medio del Atlántico.

¿ A dónde se dirige? Sólo tiene un capitán. Depende de él. O no.

¿Prepotencia? No, al contrario. Necesidad de usar la brújula, el astrolabio, de encontrar la isla de los cinco faros.

¿De qué te valen los instrumentos?

De poco si no sabes cuál es tu próximo paso, tu próximo puerto.

Entonces comprendes que no puedes quejarte, guardar rencor ni buscar culpabes.

No usastes los instrumentos de navegación aunque ahora te preguntes el porqué.

Excusas tienes muchas, pero es una realidad. Razones también, pero aún así no percibistes el viento necesario que soplaba sobre tus velas. Te confundiste con otro o quizás hayas perdido la costumbre.

No sabrás si llegarás al puerto que ahora quieres. Quizás el viento haya dejado de soplar. Seguro, al menos por el momento.

Los vientos son cambiantes. Sólo tú puedes elegr aprovecharlos.

¿Volverán las tristes golondrinas?

¿Quién sabe?

Pero seguro que no serán tristes.

A fin de cuentas, hasta ahora has soportado temporales y nunca has doblado tu mástil.

A estas alturas espero haberte contestado. En realidad no sólo eso. También espero habérmelo hecho y que hayas llegado hasta aquí con mis pistas.

Esas que suelen jugar al despiste, pero sin intención alguna de engañar.

Eso no lo soportaría.

Bueno, claro que lo soportaría, lo que sucede es que nunca es mi intención.

Entre las procelosas aguas de un Atlántico enfurecido y la mar en calma de la latitud de los Caballos, se mueven muchos vientos. Ahora procedía haberte preguntado yo, pero la falta de costumbre me ha hecho que no lo haga.

Sólo la estela nos dirá.

P.D.: ya me contarás


Hace tiempo que no te escribo

Hola:

Ya sé que hace tiempo que no te escribo, que tantas veces me muestro egoista y sólo lo hago cuando quiero contarte algo.

Lo sé, aún así creo que siempre me escuchas y me das tu opinión.

También sé que me lo merezco, que no he hecho nada por darme cuenta o que he creído, como tantas veces que no puedo jugar. Cuando renuncias al tacto no tienes de lo que quejarte. Cuando te inhibes hasta el punto de no sentir, ¿de qué hablas? No tengo derecho ni al pataleo ni a la queja.

Pero igual me he equivocado como otras veces, o quizás como ninguna, al menos como pocas.

No soy tan aguantable como pienso ni todo el mundo me aguanta como creo.

Tampoco creo que haya tanta gente que me aguante ni por la que esté dispuesto a renunciar a parcelas de mí mismo ni a cuotas de mi responsbilidad.

Por todo ello, creo que quizás me he equivocado como otras veces, al menos como las pocas en la que lo he sentido, tanto yo como tú.

No estoy dispuesto, no lo estaba, sigo sin estarlo, a renunciar por cualquier cosa ¡Qué mal suena dicho así! Sobre todo cuando no es objeto. Pero no he renunciado, nadie es culpable. Quizás sólo yo, pero las inacciones, los miedos, las esperas, las creencias son así o nos hacen actuar así hasta que las evidencias nos muestran otra cosa.

Es al menos anecdótico, como en tan poco tiempo el  destino te pone en distintas caras. Recibes, das, te piden, miras para otro lado, miran para otro lado sin dejar de mirarte.

Ya sé que sólo me cabe esperar y no culpar a nadie de mis propios errores.

Siemrpe ha sido así.

Sólo me queda esperar otra vuelta del destino de todos los días.

En fin, gracias por escucharme de nuevo.

Un abrazo.

Hasta pronto.


sábado, 24 de diciembre de 2011

MOTIVOS PARA CELEBRAR?

No lo sé, quizás por ello me lo pregunte.

Muchas cosas han pasado y están por pasar. Puede que en unos años no terminemos de conocer esta parte del mundo que lleva unos años cambiando, que el dios mercado acabe por suplir hasta los deseos más íntimos y nobles, que las personas desesperadas dejen de serlo y se asimilen a las fuerzas caníbales que están moviendo los hilos del mundo.

¿Es que esto no ha sido siempre así? Sí, desde luego para una parte del mundo, y también para la otra, sólo que le daban una manita de pintura y le dejaban disfrutar de las migajas.

La cosa ha cambiado en que se han quitado caretas y se han dado cuenta de que la vaca mundial ya no da más leche, al menos si no recurren a reunir todas las migajas y reunirlas en sus pocas manos para que parezcan mucho.

Pero resulta que esto es temporal, que el mundo no da a este ritmo para dos telediarios históricos y medioambientales más, que la ceguera de su ambición espuria amenaza con sepultar a la humanidad entera. Y, ellos, aunque se crean a salvo, aunque sean un mal ejemplo de la misma, también son humanidad y también sufrirán las consecuencias de sus actos, de una u otra manera.

Y lo saben, pero sólo les interesa el ahora. Pero las cosas cambian muy deprisa últimamente, y lo mismo esos mañanas no están tan lejanos y se les vuelven hoy más rápidamente de lo que piensan y lo hacen contra ellos de manera imprevisible.

Cuando se abre la caja de los truenos, Pandora se vuelve impredecible. 

Si enciendes la mecha, no te puede extrañar que te reviente antes de tiempo y en tus propias narices.

No les importa, nunca les ha importado. Siempre les ha reventado en las caras de otros.

Nosotros no permanecemos ajenos. Nunca nos importó, al menos lo suficiente, cuando reventó en las caras de otros. Siempre nos mantuvimos calentitos y tranquilos tirando un poco de la esquina de la manta con un poco más o menos de frío según la ocasión.

Pero ahora nos empieza a dar frío. Han tirado de la manta y lo han hecho no porque necesiten más manta. Llega un momento en que más manta sólo te produce calor. Sólo la aguantas si tienes trastocados tus valores termométricos más básicos. Entonces les puede suceder como a nosotros, que el caldero fue hirviendo poco a poco sin que nos diéramos cuenta, hasta que nos frieron del todo. 

No son ajenos a los fritangos. La historia ya los ha freído más de una vez, pero vuelven a las andadas. Así es la desmedida ambición humana, esa que disfruta comiendo carne humana mientras la pasa por la freidora.

Sé, que aunque la realidad no dista mucho de esto, aunque los momentos no me acompañen, aunque sepa que no soy así y que no me rindo fácilmente, que me crezco ante las dificultades aunque no sea ajeno a la fatiga, que sigo creyendo en las cosas buenas del ser humano, ciego o cegado.

No en vano, si miras un poco a tu entrono próximo o lejano, somo más y a lo mejor nos da por leer a Saramago, nos quedamos ciegos y comenzamos a ver claro.

Algunas veces me han dicho, que entre pesado y pesado mensaje, algunas veces tengo lo que llaman don de   enviar alguno en el momento apropiado.

Hoy me los han enviado a mí. Una llamada, un correo, un sms, un What´sApp que se estila ahora, una imagen con palabras. Imagínate que potencial. Si una imagen vale más que mil palabras, que no valdrá una imagen con palabras.

Aunque no estés... estás. Lo agradezco porque no estoy.
Lo agradezco porque están en múltiples maneras, porque están en conexiones invisibles que percibes si te paras un momento a hacerlo. Incluso quién aún no lo ha hecho, sé que está, sé que están.

Siempre hay motivos para celebrar. También para abrir los ojos y mirar. 
¿Verdad, Saramago?

Imagen de Anoniman de hoy que me ha enviado una amiga


jueves, 8 de diciembre de 2011

Corazón

Me preguntaste que cómo le iba, me dijiste que querías saber de ella y que la echabas de menos.

No eres la única, nosotros también te echamos de menos. De vez en cuando se me presenta esa imagen de las dos subiendo por la pendiente que daba acceso al aparcamiento, enfrascadas en sus charlas habituales, mientras yo esperaba y disfrutaba de la espera porque sabía que la educación no terminaba entre cuatro paredes y que la carga emocional era y es el combustible no contaminante y sostenible, cuando es positiva.

Nunca habrá en nuestros corazones espacio suficiente para el agradecimiento, para la oportunidad que nos brindan las malas ocasiones para descubrir la bondad que hay en el mundo a pesar de que muchas cartas juegan en su contra. 

Espacio infinito que se ve superado por la necesidad de agradecimiento. 

Toletas que fueron y toleta que acompañó y ofreció todo un recital de humanidad y cariño en los momentos necesarios. Tenía toda la razón para tenerla en tan alta estima y es un signo más de esperanza en el ser humano en estos tiempos confusos.

Te cuento, no en balde, siempre nos acompañaron.

Comenzó el nuevo curso en el instituto distraída, algo descentrada y con esa alegría vital que siempre tiene para hacer frente a la vida. Por momentos se me escapa su niñez, pero disfruto de la que aún le queda, marcada por ese corazón que siempre ha acompañado a su inmadurez. Ha suspendido algún  control y ha aprobado otros con buenas notas.

Tuve que tomar cartas en el asunto como he hecho siempre. Le quité algunas cosas de las que disfrutaba y le he echado muchas horas. No en vano es mi principal dedicación. 

Su mayor problema siempre ha sido su inmadurez relativa y la falta de concentración en las clases que me ha llevado a dedicarle muchas horas de repetición, unido a su inadapatción a un sistema que traga y vomita y mata y aparca la creatividad. Ella siempre ha sido creativa y podría haberlo sido más en otras circunstancias.

Te diré que está madurando, que ha aceptado las restricciones sin mayor problema y asumiéndolas. Que ha dado un gran salto de calidad que me da esperanzas, que se pone a estudiar muchas veces sin que yo se lo diga, que le dedica muchas horas a repetir, más de las que me gustaría. 

Ayer mismo, repasando con ella, me dio otra de las sorpresas que me llenan de alegría. Al comprobar que sabía todo lo que estaba dando en matemáticas (que siempre le han costado más) me dijo que es que estaba atendiendo en clase.

Parece haber desarrollado la capacidad no sólo para darse cuenta de su importancia, sino para ponerla en práctica.

Además de todo esto, no ha perdido su creatividad. Hace trabajos voluntarios para sus profesores que ella decide hacer, porque lo necesita. Se ha apuntado al periódico del instituto y ya hace artículos.

Lee. Ya llevaba tiempo leyendo, pero es que ahora devora libros y de camino mi cartera.


Disfruto, aunque me cueste, pero siempre ha habido cosas para las que no he ahorrado. 

Disfruto con su explotada afición; Papá se me ha acabado el libro que estaba leyendo, ¿puedo ir a comprar otro? Y claro, al padre se le cae la baba y abre la cartera.

Disfruto, pero sé de alguien que lo hace aún más al ver esta afianzada afición.

Recuerdo, recuerdas cuando recibía quejas de su hermano los primeros años de escolaridad y cómo, siendo fieles a nuestra manera de ver las cosas, nos mantuvimos y pronto vimos los frutos que perduran aún hoy en día y que tan orgulloso me hacen sentir por su humanidad.

Siempre he tenido el cargo de sentir que con ella no pude hacer lo mismo por las circunstancias. Después me costó mucho más, pero nunca he tirado la toalla y estoy comenzando a recoger los frutos.

No sé en que parará todo esto, porque sé que es una carrera de fondo y porque este mundo no ayuda precisamente en estos momentos convulsos. Pero lo qué si que sé es que vamos logrando cosas sin dejar de ser fiel a mi manera de ver la vida y a la suya, aunque sí que hemos dedicado mucho más de lo que me hubiera gustado a tragar y vomitar y menos a la creatividad y a aprender de otra manera.

Pero los frutos comienzan a estar ahí, más allá de unos resultados, en el sostén que da soporte al resto de aprendizajes humanos y escolares.

Aún así, sé que no puedo bajar la guardia y que sólo estamos a mitad del camino.

Corazón siempre ha tenido y cabeza también, aunque hay quién no la pudiera haber percibido escondida entre las telas de su falta de concentración. 

Y es en él, en el que estoy seguro que te guardará para siempre. Más aún cuando sea capaz de mirar atrás (más de lo que ya lo hace) y vaya uniendo los puntos cardinales de su vida.


Pagos diferidos, que siempre he dicho y que ayer mismo disfrutaba al comentar con una amiga como recibía alguno que le costó muchos sacrificios e incluso algunos disgustos.

Corazón.