No lo sé, quizás por ello me lo pregunte.
Muchas cosas han pasado y están por pasar. Puede que en unos años no terminemos de conocer esta parte del mundo que lleva unos años cambiando, que el dios mercado acabe por suplir hasta los deseos más íntimos y nobles, que las personas desesperadas dejen de serlo y se asimilen a las fuerzas caníbales que están moviendo los hilos del mundo.
¿Es que esto no ha sido siempre así? Sí, desde luego para una parte del mundo, y también para la otra, sólo que le daban una manita de pintura y le dejaban disfrutar de las migajas.
La cosa ha cambiado en que se han quitado caretas y se han dado cuenta de que la vaca mundial ya no da más leche, al menos si no recurren a reunir todas las migajas y reunirlas en sus pocas manos para que parezcan mucho.
Pero resulta que esto es temporal, que el mundo no da a este ritmo para dos telediarios históricos y medioambientales más, que la ceguera de su ambición espuria amenaza con sepultar a la humanidad entera. Y, ellos, aunque se crean a salvo, aunque sean un mal ejemplo de la misma, también son humanidad y también sufrirán las consecuencias de sus actos, de una u otra manera.
Y lo saben, pero sólo les interesa el ahora. Pero las cosas cambian muy deprisa últimamente, y lo mismo esos mañanas no están tan lejanos y se les vuelven hoy más rápidamente de lo que piensan y lo hacen contra ellos de manera imprevisible.
Cuando se abre la caja de los truenos, Pandora se vuelve impredecible.
Si enciendes la mecha, no te puede extrañar que te reviente antes de tiempo y en tus propias narices.
No les importa, nunca les ha importado. Siempre les ha reventado en las caras de otros.
Nosotros no permanecemos ajenos. Nunca nos importó, al menos lo suficiente, cuando reventó en las caras de otros. Siempre nos mantuvimos calentitos y tranquilos tirando un poco de la esquina de la manta con un poco más o menos de frío según la ocasión.
Pero ahora nos empieza a dar frío. Han tirado de la manta y lo han hecho no porque necesiten más manta. Llega un momento en que más manta sólo te produce calor. Sólo la aguantas si tienes trastocados tus valores termométricos más básicos. Entonces les puede suceder como a nosotros, que el caldero fue hirviendo poco a poco sin que nos diéramos cuenta, hasta que nos frieron del todo.
No son ajenos a los fritangos. La historia ya los ha freído más de una vez, pero vuelven a las andadas. Así es la desmedida ambición humana, esa que disfruta comiendo carne humana mientras la pasa por la freidora.
Sé, que aunque la realidad no dista mucho de esto, aunque los momentos no me acompañen, aunque sepa que no soy así y que no me rindo fácilmente, que me crezco ante las dificultades aunque no sea ajeno a la fatiga, que sigo creyendo en las cosas buenas del ser humano, ciego o cegado.
No en vano, si miras un poco a tu entrono próximo o lejano, somo más y a lo mejor nos da por leer a Saramago, nos quedamos ciegos y comenzamos a ver claro.
Algunas veces me han dicho, que entre pesado y pesado mensaje, algunas veces tengo lo que llaman don de enviar alguno en el momento apropiado.
Hoy me los han enviado a mí. Una llamada, un correo, un sms, un What´sApp que se estila ahora, una imagen con palabras. Imagínate que potencial. Si una imagen vale más que mil palabras, que no valdrá una imagen con palabras.
Aunque no estés... estás. Lo agradezco porque no estoy.
Lo agradezco porque están en múltiples maneras, porque están en conexiones invisibles que percibes si te paras un momento a hacerlo. Incluso quién aún no lo ha hecho, sé que está, sé que están.
Siempre hay motivos para celebrar. También para abrir los ojos y mirar.
¿Verdad, Saramago?
Imagen de Anoniman de hoy que me ha enviado una amiga

























































