domingo, 9 de noviembre de 2008

* 40.- HISTORIA DE A

Hace ya algunos años, en los comienzos de las proyecciones de películas erótico-pornográficas en España, llegó una película, "Historia de O" defendida por algunos, que hacía presagiar cual sería el argumento de las películas pornográficas, tanto por su inexistencia como por su nula calidad.

Bueno, pues esta es la historia de A.

No es que la historia de A sea pornográfica, ni que carezca de guión, o que sea congruente, pero sí se trata de desnudarla, de liberarla de atavismos procaces que le impidan asistir al regreso a su mejor momento, cuestión imposible de por sí.

Lo cierto es que A conoció a D, o más bien se la hacemos conocer ahora.

D vivía feliz en su casa De fines de semana, hasta que la situación se complicó.

D convivía con H en una parcela inundada por el amor, mientras el uno se hacía al otro, y sólo los pequeños y naturales celos se atrevían a importunarlos.

Entonces Complicación vino a romper los esquemas de D y H, y lo que parecía perfecto, comenzó a dejar al descubierto que D no era D y que H no era h, o al menos no lo parecían.

D, a veces, llegaba a parecerse a ¡Eh! y se presentaba como toda una señora interjección, al mismo tiempo que no hacía sino ver incorrecciones ortográficas por donde quiera que pasaba H, cuando no malas formaciones gramaticales y hasta un léxico inadecuado para cada ocasión.

Y aunque eso no dejaba de ser cierto, H siempre había sido así, un cúmulo de imprudencias verbales.

Llegados a este punto y seguido, D trató de poner orden en todas las composiciones de H hasta el punto de hacer desaparecer las más garrafales faltas de ortografía.

A partir de ese momento, H hacía gala de sus mejores caligrafías y las complicaciones ya no eran tales. Todo volvía a parecer perfecto, pero no era así.

A pesar de todo, D no era feliz.

Y comenzó a releer las primeras composiciones de H. Casi sin percatarse, comenzó a caer en la cuenta de que faltaba algo. H parecía mejor que H inicial, pero carecía de defectos. De ahí a añorar sus defectos y sentirse mal por ellos, sólo hubo una pequeña frase. Y la escribió.

Intentó entonces convencer a H de que volviese a su estado inicial, segura como creía estar de que ahí residía la causa de su verdadera tristeza.

Pero a pesar de que H lo intentó con todas sus palabras, H ya no podía ser H inicial, y por más que escribía, no lograba situarse al comienzo de ningún texto.

Todo volvió a ser complicado.

D añoraba a Complicación y a todas las faltas ortográficas, pero no quería que todo fuese complicado.

Nuevamente D releyó los escritos incongruentes y los congruentes de H, y esta vez, se percató de que ella tampoco era la misma de entonces.

En ese momento, D Dejó de leer y se Habrazó a H como nunca antes lo había hecho, serena, pero profundamente, y Complicación se transformó en Hamor y D la Hamó desde lo más profundo de sus textos y hasta la última de sus faltas de ortografía. Bueno, hasta casi la última, siempre había alguna que se empeñaba en importunarla y hacerle incomprensible algún texto.

H volvió a cometer sus habituales errores, pero, aunque eran complicados, algunas veces escribía sin cambiar de reglón y sin llenar todo de tachones y borrones.

D comprendió por fin, que no era cuestión de hacer borrón y letra nueva, que esa era una fase más de la creación literaria, que tendría que ser pasada en cualquier obra que se preciase para llegar a la madurez y acabar por ser publicada.

H y D asumieron el cuidado de Complicación, y convirtieron sus errores gramaticales en lo más valioso de sus obras. Incluso llegaron a escribir algunos libros realmente bien y otros sinceramente mal.

En fin, que D y H no comieron perdices porque no les gustaban, aunque no se privaron de algunas cenas con sus amigos. Y sí fueron felices, aunque con Complicación, y no se sabe si fue para siempre, pues aquí no acabó la historia, y esa parte la escribieron en otro capítulo.

Y hasta aquí llega este capítulo de la Historia de H, pero en realidad lo que iba a contar era la Historia de A.

Quizás otro día la cuente.