viernes, 5 de diciembre de 2008

* 50.- DOS AMIGOS Y DOS AMIGAS

Tenía (y tengo) dos amigos y dos amigas que tuvieron sendos enfados.

La amistad de los dos amigos y de las dos amigas era de bastantes años y las dos eran bastante importantes, o al menos eso creían ellos.

Los amigos se enfadaron. aunque uno de ellos lo ignoraba al principio. Había sucedido algo en lo que Juan había implicado a Enrique.

Lo habían hablado, pero parece ser que Juan no se quedó satisfecho con las explicaciones.

Durante los seis siguientes meses Enrique estuvo llamando a Juan a su móvil y no lograba contactar.

Enrique pensaba sinceramente que Juan tenía su móvil estropeado. Aunque sabía que Juan podía estar dolido y enfadado, nunca llegó a pensar en lo que realmente sucedía.

Como Enrique apreciaba realmente a Juan, decidió localizarlo en un fijo en el que sabía que pasaba temporadas.

Y en ese momento fue cuando se enteró de la realidad: Juan se había negado a contestar durante ese tiempo.

Hablaron, pero no se entendieron.

Ahora Enrique también estaba dolido.

Pasó un tiempo y coincidieron. Ahora era Enrique el que, con su orgullo herido, se mostró esquivo con Juan que trató de saludarlo.

Pasó otra temporada y Enrique que no es del todo orgulloso, reflexionó y decidió tragarse el orgullo que le quedaba, o mejor dicho, lo digirió.

Situó en una balanza su amistad.

En un lado colocó lo negativo que Juan le había hecho, en otro, en otro las negativas que él le había hecho a Enrique, y, por último, en un tercer plato de una atípica balanza, depositó lo que su amistad significaba.

Enrique entendió la postura de Juan. Sabía que había obrado mal pagándole con orgullo, y en conciencia pensó que a pesar de que podía haber actuado mejor, Juan no había creído en su palabra.

Consideró su amistad con Juan hasta ese momento como sincera y valiosa, creyendo que le había aportado muchas cosas durante muchos años Era de las amistades que él consideraba de oro.

Su balance era claramente positivo, por lo que una vez digerido decidió llamarlo nuevamente.

Enrique telefoneó a Juan y le dio su versión, trato de reconocer errores y reafirmarse en conciencia, para retomar sus amistades.

Juan continuaba dolido y permanecía en la misma posición.

Enrique había superado la situación, y aunque pensaba que Juan había sido injusto con él, ya no guardaba rencor y hasta donde yo sé, dejó la puerta abierta para otra ocasión, ya sin ningún resquemor.


Las dos amigas de muchos años, habían compartido muchas cosas, experiencias, trabajo, amistades, experiencias... Estaban muy unidas.

Pero un día Carmen se sintió dolida con lo que consideró un ataque de Maite.

Ambas se distanciaron, aunque lo negaban. Muchos y distintos amigos trataron de interceder entre ambas, pero todo intento resultó inútil.

Carmen estaba dolida y Maite también.

Maite intentó hablar con Carmen para retomar su amistad, pero se resistió a hacerlo.

Pasó un tiempo. Se volvieron a encontrar.

Hablaron.

Y sus balanzas fueron claramente satisfactorias.

Había mucho y lo supieron. Realmente siempre lo habían sabido, pero a veces, los malos entendidos, las imperfecciones humanas, los momentos personales y el no hablarlo en el momento, trae estas consecuencias.

Aprovecharon la situación, y la amistado salió reforzada.

Habían superado un mal momento y volvieron a ser las amigas que nunca dejaron de ser.

Juan, Enrique, Carmen y Maite, dos caras de la misma moneda. Ambas amistades valiosas.

Una supieron resolverla, la otra, se sumió en la incomunicación, el orgullo y la incomprensión humana en espera de mejores momentos.

Donde hubo siempre queda, y quién tuvo, retuvo, o al menos así debería de ser, siempre y cuando hubiera habido.

Algunas veces hay, pero la ceguera humana no es capaz de verlo, de sopesarlo, de dejar a un lado los orgullos y perdonar cuando es más lo que une que lo que desune.

Otras veces puede ser que lo que parecía, no era, o que la evolución de la vida lleva por caminos diferentes, pero hoy no he querido hablar de eso.

Escribe los daños que te ocasionen tus amigos en arena y graba en piedra lo bueno que te aportan.

Sí no eran tan malas, se borrarán con las primeras brisas, sí realmente lo eran, se hundirán por sí mismas.

Y sí realmente eran buenas, cimentarán una vida, o mejor dicho, dos, o tres...

Cuento asociado: Mi mejor amigo