viernes, 3 de octubre de 2008

* 36.- La riqueza que atesoras

Es tanta la riqueza que acumulas, que no te mereces levantarte muros que caen fácilmente una vez te das cuenta de su irrealidad, ni tampoco jugarte la partida a una sola carta.

No necesitas muletas, sólo asambleas en la carpintería.

Disfruta de lo que tienes, y sobre todo de lo que ahora puedes hacer con el tesoro acumulado.

Y hazlo donde quiera que estés en cada momento.

Ya has ido a la Luna y puedes regresar ¡A qué esperas!

Está ahí, ante tus ojos. Cógela, siéntela, devórala, acaríciala y nunca lo olvides, aunque saborees ingratitudes trampolín que te faciliten las siguientes.

Ya te lo enseñó la maestra, y ahora te lo recuerda su alumno aventajado.

La maestra te lo agradeció.

Y él alumno nunca dejará de hacerlo.

Cuento asociado:

El astronauta