viernes, 12 de noviembre de 2010

LIMOS DEVENIDOS

Una vez un compañero me enseñó a ver a las personas como eran, a despojarlas de todo atavío que las ata a lo que en una pesadilla sueñan ser.
Confundimos pesadillas con sueños y nos creemos obligados a ser lo que no somos. Si dedicásemos todo ese tiempo a darnos cuenta de que somos lo que queremos ser, no necesitaríamos sentirnos auténticos.

Y esa vez, probablemente ni siquiera ese compañero fue consciente de ello, sólo me regaló su aprecio y consideración, aunque yo no lo mereciese del todo a sus ojos.

Lo cierto, es que a sus ojos, me convertí en lo que ya era, que no fue otra cosa que crecer en mí.

Una mujer me enseñó tantas cosas que mi hizo buscar donde podía encontrar y regalarle lo encontrado sin que me lo pidiese. Me enseñó a regalarme cuando lo hacía. Fueron tantas las cosas que aprendí, que ahora me acompañan y disfruto cuando las presto sin más interés que el dado. Y vuelven a mí. Ya sé que en instantes eternos parecen no hacerlo, pero sé que son pura ilusión, que no ilusión.

Un amigo me enseñó el valor del teléfono, más tarde valoré las llamadas a cobro revertido.

Fui recibiendo regalos entre golpe y golpe. Aprendí a apreciarlos. Me refiero a los golpes, porque aunque siempre cueste más apreciar un golpe que un regalo, y, aunque no siempre lo hagamos, los golpes te resitúan donde debes estar, te posicionan ante el próximo envite. Pero, por encima de cualquier otra cosa, te ayudan a disfrutar de ellos cuando logras enfocarlos en la distancia correcta.

Una amiga me enseñó a sentir más allá de las palabras. A comprobar en ellas la esencia de lo que ambos sentíamos. A viajar por sus meandros descompuestos sin importarme la canoa y desprendiendo lastre como si lo hiciese en globo.

Me ha dado tanto, la vida, que lo perdido lo doy por ganado, y, aunque lo estimo, lo llevo conmigo.

Ni mi Amsterdam ni el tuyo se encuentran allí. El tuyo está próximo y el mío está lejos del barrio rojo y cerca de lo que venga, que a buen seguro será bueno. Si no, manos a la obra y a recomenzar.

Cuando recibes parabienes de estos, optas por no quedártelos y los tomas únicamente como lo que son, préstamos del camino, que a él han de volver.

Desprenderte de ellos no es que sea una obligación, es pura devoción cuando los has catado, más aún cuando has aprendido a desprenderlos.

Y entonces sabrás que algunos no puedes evitarlos, pero que tarde o temprano, el río llega al mar. No sin antes ir dejando limos prodigiosos que nunca fueron tuyos, que siempre te prestaron.

11 comentarios:

emejota dijo...

Palabras de sabiduría. Todo un placer compartirlas. Un fuerte abrazo.

JJ dijo...

Gracias emejota. Un placer tenerte por aquí. Un abrazo

Yolanda Ávila dijo...

Palabras muy sentidas que se notan brotan del interior, del corazón y no de la mente.

Un placer leerte.

Yolanda.

JJ dijo...

Gracias Yolanda.
Un saludo

Encarni dijo...

Son hermosas tus palabras, tanto que dice mucho de tu persona.

Bien podría ser la reflexión de un caminante que se detiene en medio de su camino para mirar lo que ha dejado atrás pero que lo ha rememorado como si volviera a pasar por él.

Ha sido un placer leerte.

Un abrazo.

JJ dijo...

Gracias Encarni. Me gustó tu cóctel de poquitos.
Un saludo

Anónimo dijo...

Hacía tiempo que no leía algo tuyo en este sentido. Gracias por seguir compartiendo...Dwijprofe

JJ dijo...

Gracias Dwijprofe por tu comentario. Realmente hacía un tiempo que no escribía nada por aquí.
Un saludo

adri dijo...

Hermosas palabras! realmente inspiradoras, te felicito y espero que sigas así de creativo =) un abrazo.
Pdta: me gusta tu foto (la de la mano de Dios) ;)

Adrianita T dijo...

Hola!! me ha gustado tu blog!, eres muy creativo y en verdad son palabras muy bellas. espero sigas subiendo contenido tan bueno
un saludo,

JJ dijo...

Gracias Adri yAdrianita (no sé si son l amisma persoan). Éste es un blog en el que escribo de vez en cuando. Unas veces lo hago más seguido y otras más espaciado. Llevo una racha escribiendo menos y espero hacerlo con algo más de frecuencia.
Un saludo
Jesús