domingo, 25 de noviembre de 2012

Somos tribu

Perdóname, lo siento. Cómo explicarte. Eres como ese amigo, familiar, persona apreciada a la que constantemente recuerdas y quieres descolgar al menos un teléfono y, no sabes muy bien por qué, no lo terminas haciendo. Esa neoliberal, neoliberal senda del estrés en la que nos vamos viendo inmersos y que nos asalvaja, aunque no siempre la podamos responsabilizar. En el fondo, no somos conscientes de ser los únicos responsables y nos dejamos agarrar, paralizados entres sus garras y obligaciones.

Hacía ya algún tiempo que no me asomaba entre los vanos de tus ventanas, para sentirme parte de ti, para considerarme parte de tu casa, que digo, de mi casa. Siempre había sido así, pero la apisonadora, una vez puesta en marcha evita que nos paremos a pensar, que digo, a sentir, a sentirlo.

Mi sobrina. Le digo. Ahora sentada aquí, y treinta años, enseguida, miras atrás y piensas que no es un tópico, que se te escapa como el agua cuando tratas de agarrarla entre los dedos de las manos.

Hoy, sin prepararlo, tal y como suceden las buenas cosas, tuve una nueva oportunidad de comprobar que Manolo y Rosita hicieron bien el trabajo.

Desde su partida de viaje del inserso, para disfrutar de su juventud, no nos habíamos reunido de esta manera, sin esperarlo.

Llego al restaurante. Miro y me pregunto, ¿no es ese Domingo? Sí. No lo esperaba. Manolo últimamente nos acompaña, quizás echando de menos el calor que siempre nos brindaron antes del viaje. No lo esperaba, la conjunción de astros se había producido, pero no por la reunión improvisada, sino por los equilibrios que permiten disfrutar del rato y prolongarlo por placer, sin forzar. 

Sensaciones que en nuestra vida sólo se producen en momentos mágicos.

Disfrutamos y sentimos la hermandad. Rosita y Manolo lo hicieron bien. Nos sabemos hermanos por encima de la circunstancias y los momentos.

La familia, cuando te vuelves adulto, aunque sea parcialmente (nunca lo hacemos del todo) te hace saber que la familia se encuentra donde tú te encuentras, donde tú la creas.

Pero que grato es saber, que por encima de celos infantiles más comunes de lo que pensamos y más destructores, en tantos casos, de lo que a las personas les gusta siquiera reconocer, incluso reconocerse, seguimos siendo familia y disfrutamos del rato, de esos ratos elegidos. Sabemos que estamos ahí.

La otra familia, la que construimos, también es importante. Son los ratos que vivimos, que construimos, que nos ganamos. Los teléfonos que no hace falta descolgar para saber que están ahí.

El otro día, sin ir más lejos, una compañera me dijo: tu amigo Reyes, cuídalo, que joya tienes ahí. Me llegó. No me dijo nada nuevo, nada que yo ya no supiera. La novedad era que ella lo dijera. Procuro no juzgar, aunque sea inevitable que en nuestra condición en ocasiones lo hagamos. Sé que todos podemos mejorar. La experiencia y la reflexión me lo han enseñado. 

Lo sé porque yo lo he hecho. Lo sé cuando me detengo a comprobarlo y cuando evito que todo sea arrastrado.

Cuando veo a una persona o a un alumno que humanamente no soporto, levanto la vista, miro más allá de sus circunstancias, prolongo la mirada, la postergo o la encamino hacia sus probabilidades, la mantengo en el horizonte aunque muchas veces me cueste. Y, el tiempo, me ha dado muchas veces la razón. No todas, lo reconozco, pero sí las suficientes como para mantener la esperanza en mí, en ti.

Los amigos, sí l o s a m i g o s . Son la sal yodada de la vida. La familia, son la familia, la primera y la última, la que sientes, la que sabes que está ahí, la que no te va a fallar, la que no es circunstancial, la que sabe de tu humanidad y que tú sabes de la suya, la que está para celebrar, para llorar, para servirte de apoyo cuando te equivocas, sobre todo cuando te equivocas, auqnue no sólo para eso.

¿Lo has sentido? Eres afortunado, no eres neoliberal, no eres salvaje, no te has dejado asalvajar.

Cuando tu amigo se equivoca, cuando es humano, cuando yerra, es cuando más lo necesitas, porque te recuerda que necesitas ayudarlo, cuando te hace sentir humano realmente, cuando te hace abandonar tu pasado reptiliano, el que todos,  inequívocamente, tenemos .

Sí, ya lo sabía. Recientemente lo comprobé. No necesitaba que me lo dijeras, pero no sabes hasta que punto el que me lo hayas recordado me ha llenado de esperanza. Nada está perdido, Mercedes. Tú bien lo sabes. No te lo voy a repetir, aunque lo incluyeras en la última carta y por pudor lo suprimiera.

Cuando peores se pongas las cosas, mejor lo sabremos. No es que defienda el flagelo, sólo me faltaba eso cuando me rebelo. Es que esa es la resiliencia que nos hace fuertes.

Somos tribu: Conchita, Reyes, Miriam, Oke, Ana, Magaly, Jesús, José Andrés, Teobaldo, Maru-Mary, David, Domingo, Manolo, Rosita, Carmen, Juani, Amelia, Nino, Sigfrido, Julita, Olga, Inma, sé que no hace falta que siga, sé que no me echarás en cara, que no te haya hecho salvaje social y natural, que estás ahí, que estamos ahí.

Somos tribu y una tribu...Síguelo tú.

P.D.: siempre había evitado lo de tribu. La hago mía.



9 comentarios:

Ana Municio dijo...

Querido amigo,
soy Tribu contigo, con todos vosotros, así realmente lo siento. Este año estoy hasta arriba de trabajo, de proyectos que yo sola me he buscado y que suman en mi experiencia y en mi emoción. Me propuse dejar algo, dejar alguna cosa, estoy empezando a rozar la frontera de lo racional y llegando a lo descabellado. Sin embargo, tengo claro que soy Tribu y eso no se puede dejar, a no ser que lo dejes de sentir, y espero que eso no me pase.
Yo empecé a navegar con vosotros, somos grumetes de un mismo barco. Mi experiencia está ligada a vosotros, mi aprendizaje y mi banco de emociones. Eso une tanto o más que muchos abrazos presenciales, aunque solo nos hayamos desvirtualizado una vez, la conexión funciona tanto como el contacto físico.
Puede que algún momento baje mi actividad, que encuentre rumbos que me llenen profesionalmente, pero la emoción de saberme Tribu, de ser uno de vosotros me mantendrá aquí: leyendo las cosas tal cual las sientes, retuiteando los eventos en los que no estoy pero sí siento como míos, como nuestros. Compartiendo con vosotros mi senda, mi formación y viviendo con vosotros las emociones que nos unen.
Soy Tribu, somos tribu, lo hice mío desde el principio y quiero estar ahí, vaya o no vaya al cine, organice o no organice cosas, acompañándonos y aprendiendo juntos, como hemos hecho hasta ahora, sintiendo felicidad por cada éxito que tengáis cada uno de vosotros, sabiéndome acompañada en esta aventura educativa en la que estamos inmersos.

Jesús Hernández dijo...

Querda Ana. La generosidad, el no esperar recompensa, el no buscar nada más allá e lo que le da valor a la tribu. Lo malo suele suceder cuando lo importante, lo imprescindible nos parece poco. Por eso, suprimiría todas las notas del mundo y me dedicaría a fomentar sentimiento, emoción, que son los verdaderos motores del mundo. Al menos los que valen la pena, los que realmente hacen feliz a la spersonas que lo descubren, por malas que sean las circunstancias. Somos tribu.
Gracias por tus, siempre, amables palabras.

Julita Fernández dijo...

Jesús, amigo del alma, yo también me siento Tribu con todos vosotros.
Unos lazos afectivos tan fuertes creados virtualmente y con algunos, ya hechos realidad, hacen más fácil nuestra tarea educativa y hasta más emocionante.
Un abrazo

Mercedes R. dijo...

Es curioso que lo de TRIBU es una palabra que tampoco encajaba en mi ideario quizás por lo que tenía de restrictivo, los de la tribu y los de fuera.
Decía Savater, la semana pasada, hablando de educación en el Círculo de Bellas Artes, que es de estar educándose el cambiar de opinión porque implica pensamiento crítico, flexibilidad en las ideas y poder de decisión.
También contaba la ancédota de un poeta amigo suyo al que el consideraba muy subjetivo en sus argumentacioes y que le respondió: yo no soy OBJETO asi que no puedo ser objetivo y sí soy SUJETO asi que permíteme que sea subjetivo.
Lo neoliberal no es para que ganemos más dinero, no. Nos ha avasallado para ir aceledaramente a no perder lo que tanto ha costado conquistar y ¡claro que se echan de menos esos ratitos de chat y esos comentarios de blog a blog! pero la subjetividad del poeta lo merece.
With all my love!!!!!
Mercedes

conchita dijo...

¡Menos mal que estoy yo aquí para poner la nota discordante!
Sí, tengo que disentir. Disiento en esa idílica conversación que estáis teniendo, porque...¡vamos a ver! ¿Qué dice Ana? ¡Una verdad como un templo, que todos estamos hasta arriba de trabajos en los que nos hemos metido como si nos fuera la vida en ello, y nos falta tiempo para relacionarnos como antes!
Yo, sin ir más lejos, leí este post cuando salió calentito del horno y, ¿qué hora es la de mi comentario? Tarde...
Porque aunque lo que más me interesaba era comentar estos sentimientos de tan gran amigo, ¡tenía cosas urgentes que hacer, como bien sabe Mercedes!
Y no cosas familiares, que hubieran sido perdonables, ¡eran cosas de la red!
Así que, yo no sé vosotros, pero yo estoy perdiendo un poco la perspectiva, el orden de valores, vaya!
Dicho esto, paso a lo que viene siendo el verdadero comentario...
Amigo, amigas: todo un honor compartir colectivo con vosotros...
Como que soy un poco más feliz...
Como que mejor persona...
Como que tengo una especie de familia repartida por ahí, y para mí que soy hija única, eso tiene mucho valor...
Como que os eché de menos en cuanto salí de Madrid...
Como que aunque escriba la última, la intención es lo que cuenta, y quise haberlo hecho mucho antes...
Como que amigos como tú, Jesús, no se encuentran fácilmente...y menos que sepan expresar tan bien lo que yo torpemente estoy intentando decir...
¡En fin, como que os quiero mucho, ya está!
"Vale", que decía Séneca cuando acababa sus cartas. En latín significa "adiós", pero para mí sirve para ratificar que todo lo escrito es "TAL COMO LO SIENTO".

Jesús Hernández dijo...

Empiezo por el torbellino final. Je, je.
Lo cortés no quita lo valiente.
Claro que nos metemso en líos, entre otras cosas por puro placer o por no saber decir que no en algunas ocasiones.
No es idílico pararse a disfrutar de los pequeños momentos que nos proporciona la vida, porque son la esencia de la misma y no simepre se dan.
Precisamente, cuando no los tenemos, es cuando más debemos pararnos para darnos cuenta de que también los tenemos, pero que esas prisas, esos excesos de compromisos no nos dejan saborearlos. Los necesitamos. Para y disfrútalos. Después ya puedes seguir. Es lo que he hecho. Me ayuda incluso para el ruido posterior.
idílica tu visión de la amistad, pero no es malo algo de idealismo, simepre y cuando no perdamos el norte, que no lo haces, pero en fin, que no es para tanto.
Tal como lo sientes te has expresado y eso, aparte de bueno, siempre es de agradecer aunque sea como un seismo de sentimientos. Sobre todo, porque nos hace sonreír un buen rato.
Gracias, my friend.

Jesús Hernández dijo...

Sigo subiendo.
Tienes toda la razón, Mercedes. Tenemos que estar abiertos a cambiar de opinión por lo que nos pueda aportar el otro. Sin embargo, la competitividad malsana en la que nos envuelven, nos hace perder de vista lo importante, que no es otra cosa que buscar ser mejores personas y aprender, más que tener una sirazón más por plantear las cosas como una victoria dialéctica de escaso valor.
Neoliberal, también tienes razón. No sólo es el dinero, lo peor es el avasallamiento con el que trata de pisotearnos, considerando tonto a todo el que le vaya mal, como si sus defensores fuesen más listos. Más canallas sí que suelen ser.
Gracias, Mercedes por el comentario.
Un abrazo

Jesús Hernández dijo...

Cuanta razón tienes, Julita. T>rib en cuanto a seres humanos, en su sentido más amplio, más generoso y más cohesionado.
Un abrazo

Jesús Hernández dijo...

Ana, no hagas mucho caso de lo que dice Conhita hoy (jeje) Claro que estamos liados, pero nos lo merecemos un poco (jeje). Teiens toda la razón cuando hablas de que lo importante no es tanto lo que se hace, sino lo que queda y ese bagaje no nos lo quita nadie.
Un abrazo