lunes, 5 de noviembre de 2007

* 18.- ENCONTRAR DONDE TODO PARECÍA INDICAR QUE NO HABÍA

Me hizo pensar en desarrollar esta entrada la respuesta que dio un amigo virtual (y digo lo de virtual porque aún no lo conozco, pero no por ello lo dejo de considerar amigo en algún grado, pues me ha brindado ayuda, ánimo y enseñanzas con el altruismo que permite el no conocer a alguien y sin embargo prestarle colaboración sin esperar nada a cambio, tal y como sucede cuando alguien te cede el paso en la carretera y jamás te volverá a ver) a una persona que se mostraba crítica de forma poco educada y con escasos argumentos en relación a uno de sus artículos en un diario digital de Canarias.

Y le respondía con un tono educado y respetuoso que probablemente no merecería la otra persona, y agradeciéndole su comentario, a la vez que le señalaba su intención de dirigirse especialmente a las personas que no pensaban como él, sino para hacerles cambiar su parecer, si al menos para hacerlas reflexionar.

Y es que ahí se encuentra la raíz de todo fanatismo. Como bien indicaba Amos Oz en su corto pero no menos interesante por ello libro “Contra el Fanatismo”, en el que nos comentaba que el origen de todo fanatismo se encuentra en una base emocional y primaria y que aún en nombre de postulados nobles, se podía ser fanático, perdiendo todo atisbo de razón.

Cuando tratamos de ver nuestra forma de entender las cosas, por muy acertada que ésta fuera, como la única, ya estaríamos cayendo en el fanatismo.

Luego ninguno estaríamos libres de actuar fanáticamente en mayor o menor medida.

Contribuirían a ello el culto a la personalidad y la idealización de líderes políticos, sociales y religiosos con pies de barro, al igual que la conformidad y la uniformidad.

Y en este sentido personas como Amos Oz, han realizado un gran esfuerzo de abstracción de su difícil y complicado entorno, que les ha permitido escapar de la realidad fanatizante que los envuelve, tal es su caso, el del conflicto árabe-israelí.

Otra de las cuestiones que me ha llamado la atención de la lectura de su obra, y que he visto reflejado en la respuesta a esa persona poco respetuosa en su comentario hacia el artículo de ese amigo virtual, es el hecho que plantea Amos Oz de no dirigirse a una persona fanática tal y como lo haría ella, sino de una forma serena y llevando incluso su banal planteamiento a extremos más radicales para hacerle ver sus contradicciones, en definitiva, como haríamos con un niño al que vas de frente y difícilmente lo harás cambiar de postura, a lo sumo lo podrás someter con la autoridad que tengas o que te tomes, sea paterna o de otro tipo, únicamente lo harías insinuando caminos, esbozándolos para que el mismo trace el suyo propio con las herramientas que tú le has podido facilitar.

Somos fanáticos cuando pretendemos que un hijo siga el camino único que trazamos o cuando un militante, por ejemplo ecologista, adopta una actitud de superioridad moral con alguien que es compañero o no y que le impide establecer un acuerdo.

Quien ha tenido la experiencia de sacar algo bueno de una persona que en apariencia no tiene nada positivo que aportar, pero a la que logramos hacer evolucionar hacia posturas más lógicas, sociales y abiertas, saben de lo que hablo.

A cuántas personas, incluso a nosotros mismos, en ocasiones se nos puede llenar la boca de palabras como democracia, y sin embargo nos encolerizamos cuando en un diálogo no logramos hacer pensar al otro como queremos que lo haga.

Debemos tratar de actuar lo menos sectariamente posible, por mucho que estemos convencidos de que nuestra manera de pensar es la correcta, por motivos de orden práctico, pues como hemos dicho, no podríamos hacer cambiar a nadie de esta forma, pero sobre todo, por razones que nos harían perder el poder de nuestros propios argumentos y el valor de los mismos al tratar de imponerlos mediante la violencia, sea verbal o peor aún física.

En fin, que actitudes como ésta del en cierto grado amigo virtual, nos muestran el camino de la relación con el otro cuando no piensa u opina de la misma manera que nosotros.

Cuento asociado: El Temido Enemigo