sábado, 16 de febrero de 2008

¡EUREKA! LO ENCONTRÉ

¡EUREKA! Redundo, ¡LO ENCONTRÉ!

Si en realidad ya lo tenía. Sólo lo había olvidado cuando más lo necesitaba.

Desde Arquímedes y mucho antes, hasta nuestros días, el saber, y por tanto el aprender, es un placer que nunca llega a saciar al que lo busca, al que nunca lo alcanza a encontrar, al que nunca llega a colmar sus expectativas, y no por ello deja de intentarlo.

Y siempre fue hipotético y deductivo, pues sus actores no son meras piezas de un engranaje.

Si funciona en circunstancias peores, porque no iba a funcionar ante un pequeño déficit de atención y distracción por exceso de imaginación.

Aprender es amar, amar lo que se descubre y lo que está por descubrir.
Amar a quien realmente se quiere y darlo todo sin sacrificio, porque cuando se quiere no cuesta.

Hace más una cuchara de miel que cien de hiel, y no podemos confundir la novelería con mal comportamiento o con la mimosería. Muy al contrario, la novelería para alguien que la sabe interpretar puede ser un filón para comenzar a extraer piedras preciosas, un hilo de cometa del que tirar al principio, para ir soltando cuerda poco a poco y dejar volar.

Es cierto que no es fácil, que necesita paciencia y que hay que estar preparado para detectarlo y reconducirlo, y que muchas veces las circunstancias complican más aún las cosas.

Una buen maestro con experiencia y mente abierta, conocedor de secretos ya antiguos, es capaz de preparar pócimas magistrales que embelesan al más pintado.

Bien es cierto que los tiempos tampoco acompañan, pero el que no cree en sus posibilidades difícilmente podrá lograr nada. Si vivimos las circunstancias con agobio estaremos condenados al fracaso.

Por el contario, si lo tomamos como un reto, lo conseguiremos en la medida de las posibilidades y sobre todo, estaremos con la cabeza bien alta ante nosotros mismos.

Uno de los problemas de estos vertiginosos días es que no nos paramos un instante a reflexionar, a poner en orden nuestras ideas y a trazar planes con los que ser fieles a nosotros mismos y a nuestras creencias y nos dejamos llevar por sumidero en una espiral peligrosa.

Reflexión, calma, valores, realismo, ensoñación y acción.

Acción es amor y las dificultades se superan de esta forma, y cuando no se logra, al menos la cabeza y la conciencia estarán bien altas.

Imbuir de amor, de curiosidad, reconducir el gusto por descubrir, y paciencia, mucha paciencia que nos la tiene que aportar la conjunción de todos estos elementos debidamente mezclados en el almirez del cariño y el amor a lo que se hace.

Si no contagiamos ese amor no habremos hecho nada.